24/9/07

UN CONTE DE DANIEL CASSANY I CRISTINA ALIAGA

Si teniu un moment llegiu aquests conte... és realment interessant

CAFÈ CON LOS VECINOS

Por fin encontré la oportunidad para tomar el café que me habían ofrecido mis vecinos de rellano. Son padres desde hace tres años y se preocupan por Litang ―su preciosa hija de origen chino y ojos negros. Al ver mi buzón cargado de libros se enteraron de que soy investigador sobre la escritura y les faltó tiempo para invitarme. Después de mencionar alguna novedad del barrio, atacamos el asunto:
—Leí que hay muchas más posibilidades de que un niño sea un buen lector si de pequeño sus padres le cuentan cuentos, si le leen en voz alta en la cama —dijo Miguel, el padre—, pero no creo que también tengamos que ayudarle a escribir, ¿cierto? Eso lo hace la escuela: es allí dónde aprenden a escribir, dónde se enseña el abecedario.
—No se puede hacer nada hasta que la niña sepa las letras —confirmó Montse, la mujer. Ambos hablaban con convicción.
—¡No es tan simple! —repliqué―. Podéis hacer muchas cosas. Escribir requiere mucho más que anotar las letras, que redactar. Hay que reconocer los diferentes textos: una carta, un cuento, una receta... Hay que saber para qué sirven, cuándo se usan, cómo; hay que aprender a ser “autor”... Empezamos a aprender a escribir mucho antes de copiar la primera letra. Litang puede empezar “a escribir” antes de que le enseñen “las letras”, si la ayudáis, antes de que sepa redactar.
―Del mismo modo que le leéis cuentos en la cama, antes de acostarse, podéis ayudarle a escribir, aunque todavía no pueda trazar letras ―aclaré―. Podéis ponerle título a sus dibujos. Le preguntáis: “¿cómo se titula?” y escribís el título por ella. También podéis anotar su nombre en sus libros, en su incipiente biblioteca. Lo podéis hacer siempre ante ella, contándole lo que hacéis y mostrándoselo. Podéis escribir alguna dedicatoria para los regalos que haga a sus amigos... Siempre sugiriéndoselo a ella y esperando su aceptación y sus palabras... o negociando con ella lo que pueda ser más adecuado.
―¿Sería como ser su “escriba”? ―preguntó Montse.
―Exacto ―asentí―. Primero le podéis descubrir los diferentes discursos que rodean su mundo. Mostradle lo que se puede conseguir con cada uno. Mientras no sepa, anotad las letras por ella. Así empezará a ser “autora” antes de aprender a escribir.
—Sí, y hay que vigilar que no haga faltas de ortografía... ¡Sería fatal! ¿no? Luego no hay forma de corregirlas —saltó Miguel.
—¿De dónde has sacado esto?... —me reí. ¡Es una teoría conductista del año de la catapún! Las faltas no son ni malas ni buenas... forman parte del proceso de aprendizaje. Indican que hay algo que todavía no se ha asimilado. ¡No quedan fosilizadas! —me miraron con sorpresa—. Mira, yo pondría el énfasis en otras cosas: sugeriría a Litang que anotara sus pensamientos, sus vivencias, que las dibujara... La animaría a escribir diarios personales, recuerdos de viajes, poemas, postales, comentarios de fotos...
—¿Me estás diciendo que no tengo que corregirlas? —Miguel seguía incrédulo.
—Bueno ―razonó Montse―, le podemos explicar lo que nos pregunte, ¿no? Lo que surja. Es cierto que si solo prestamos atención a la ortografía, la niña acabará pensando que es lo único importante.
―¡Y se aburrirá como una ostra! ―salté―. Es más sensato potenciar lo creativo: imaginar historias fantásticas, contar secretos a un diario íntimo, comunicarse con los amigos lejanos, desmenuzar los sentimientos confusos... ¡Que Litang explore todo eso! Creo que así tendrá más posibilidades de engancharse a escribir.
Miguel y Montse seguían con atención:
―Es muy importante transmitir valores positivos. Crear un ambiente propicio para escribir: buscar situaciones para comunicar, encontrar lectores auténticos que lean sus escritos, experimentar con diferentes textos, guardar todos los escritos, incluso algún borrador, usar diccionarios y enciclopedias escolares...
―¿Por qué tenemos que guardar los borradores? ―me cortó Miguel.
―Para desarrollar las prácticas de planificación y revisión. Escribir no es como conversar; no improvisamos. Al escribir, pensamos antes en nuestro lector, buscamos ideas, las ordenamos, hacemos un borrador, lo revisamos, etcétera. Escribir no consiste en completar “hojas en blanco”, ni en poner el punto al final. Hay que releer y revisar los borradores varias veces. Los niños deben darse cuenta de ello. Es conveniente guiarlos a lo largo del proceso de escritura.
―O sea, que tenemos que guardar los escritos de Litang, como si fueran dibujos ―dijo Montse acercándome la bandeja de los bizcochos.
Miguel cambió de tema:
—Oye, ¿y qué hacemos con el ordenador?, ¿con Internet? ¿Dejamos que la niña lo utilice?, ¿no se debe aprender primero a escribir con lápiz?
―Fíjate ―respondí―, Litang ya es una “nativa” de Internet. Nació después de Internet. ¿Tenéis ordenador en casa? ―Miguel y Montse asintieron― Pues para ella es lo más natural... Somos nosotros los “inmigrantes”, más o menos adaptados...
―¡Yo me siento más bien “exiliada”! ―interrumpió Montse provocando nuestras carcajadas.
―No hay problema para escribir con el ordenador ―continué―. Tampoco con el móvil. Mis ahijados de 7 y 9 años me envían correos. Es bueno que Litang aprenda a enviar mensajes a sus amigos, a escribir correos a los parientes, a chatear con los amigos, a participar en los foros. Hay que aprovechar el día a día familiar para enseñar a vivir en Internet: dejar un recado con un correo, hacer una consulta en un foro...
―Pero se escribe fatal, en Internet, con errores, simplificaciones... ―afirmó Miguel.
―Veamos. Es absurdo prohibir a nuestros hijos que lean o escriban con las tecnologías de su época. ¡Que decepción!, si les obligamos a escribir con lápiz, si no pueden hacer su blog, visitar la web o el foro de su grupo preferido. ¡Así leen y escriben hoy ellos! Me parece más inteligente animarles a usar estas tecnologías, pero enseñarles también a hacerlo de manera crítica. Eso es mucho más emocionante. ¡Y mucho más difícil! Nos exige más responsabilidades.
―Pero, ¿cómo? ―insistió Miguel.
―Bueno, hay que aprender que cada texto tiene sus reglas: enviamos mensajes de móvil sin tildes y con abreviaciones, porque es más rápido y económico. Pero no escribimos así una postal ni un examen. Nuestros lectores pensarían que somos ignorantes. Hay que aprender a distinguir entre textos y lectores diferentes. No podemos presentarnos con vaqueros a una boda, ni gritar en un juicio, ni escribir en una instancia como si estuviéramos chateando con los amigos...
De golpe se oyó el ruido de la cerradura. Se abrió la puerta y entró Litang saltando de alegría, delante de su abuela. Y empezamos a hablar de otras cosas... Dos años después —ayer—, coincidí con Montse en el rellano y me mostró esta carta:
—Mira lo que Litang quiere regalar a su canguro. La ha escrito ella... ¡Solo tiene cuatro años! Yo le compré el papel y el sobre y la dejé escribiendo sola. ¿Y sabes lo más gracioso? Cuando ya había terminado, se me acercó y me preguntó: “Mamá, ¿qué dice la carta?”
—Sí, solo puede escribir su nombre, pero ya sabe para qué sirve una carta y cuáles son los roles del autor y del lector. ¡No está mal!
Daniel Cassany y Cristina Aliaga.

Ed. Centro Internacional del Libro Infantil y Juvenil. FGSR

3 comentaris:

Darabuc ha dit...

Quina estructura més platònica! Tot un diàleg bastit per a la reflexió... Al Renaixement els encantava aquesta forma, però ja no és gaire freqüent.

julieta silva ha dit...

Hola, soy maestra de preescolar en un colegio de cali, colombia.
Me siento muy contenta de saber que estamos mostrandole a nuestros niños el mundo de lo escrito. Desde muy pequeños 4 a 6 años, ellos reconocen el propósito comunicativo de los textos y empiezan a hacer usuarios de ellos con ayuda de los adultos que reconocemos el interés y el conocimiento que tienen.
A diferencia de centrarse en los abecedarios y las letras, se están relacionando con textos completos que sirven de modelo para producir los propios, como cartas, tarjetas, mensajes, listas y diarios.
Deseo aprovechar esta oportunidad para agradecer la visita de Daniel a colombia, el encuentro en la universidad del valle fué fenomenal.
Un saludo; Julieta silva
jusilvac7@hotmail.com

Lilian ha dit...

qué suerte que tuvieron, Julieta... Porque lo que fue el seminario de Cassany acá en Rosario (nov. 2010) fue un real papelón... nos vino a cobrar para hablar de presupuestos culturales 3 días seguidos... una verguenza total.
saludos!

ohh, y encima acabo de recordar que el nombre de Litang me suena, no sé si no lo usó como ejemplo!!! Dios!!!